Regeneración Urbana en el Barrio del Oeste

A través de estos mapas podremos conocer y reconocer, de forma clara y sencilla, algunos datos sobre el Barrio del Oeste. Autores Adrián Nicolás y Román Andrés.

 

Regeneración Urbana integrada

Se trata de un término recogido en la reciente Ley sobre rehabilitación, regeneración y renovación urbana de Castilla y León, y  responde a la necesidad de afrontar una nueva etapa en la planificación en las ciudades y que presta una atención prioritaria en la mejora de la ciudad construida en oposición a la expansión de las ciudades.

No se establecen acciones novedosas que no se estuvieran realizando ya de manera aislada, sino que de esta manera se expresa la prioridad de estas acciones y la necesidad de que las actuaciones  sean finalmente integradas abordando aspectos hasta ahora inconexos. Se enmarca en una apuesta global por atender a los problemas de las ciudades.

Rehabilitación de edificios en relación con la funcionalidad, seguridad, accesibilidad, habitabilidad y mejora de la eficiencia energética y reducción de emisiones.

Mejora de la calidad, accesibilidad y sostenibilidad  del medio urbano, incluidos los espacios libres, servicios urbanos e infraestructuras, cuando existan situaciones de obsolescencia o vulnerabilidad de áreas urbanas.

Pero estas acciones centradas en la planificación física de la ciudad han de articular también medidas sociales, ambientales y económicas para que pueda considerarse una actuación integrada.

La Regeneración Urbana Integrada es por lo tanto el concepto actual que tenemos que manejar si queremos regenerar el Barrio del Oeste

 ¿Por qué el Barrio del Oeste?

El Barrio del Oeste es un barrio formado enteramente durante el siglo XX en los procesos de expansión de la ciudad tradicional.

Esta expansión y las primeras trazas de las actuales calles están condicionadas  por una intervención municipal débil donde predominaba la voluntad de los promotores privados. Fruto de estos inicios y de una ausencia de actuaciones municipales correctoras posteriores permitiendo un aumento considerable de la densidad, nos encontramos con un barrio de alta densidad edificatoria y de población con una importante ausencia de dotaciones públicas y de una masiva utilización de las calles para el tráfico motorizado y aparcamiento.

Por otra parte, el Barrio del Oeste debido a las fechas de su desarrollo presenta un volumen edificado importante a la vez que una obsolescencia en las aislamientos de la envolvente del edificio (fachadas, cubiertas, huecos) y en las instalaciones de calefacción para los estándares actuales relacionados con el reto del calentamiento global.

La obsolescencia abarcaría también al grado de accesibilidad en este tipo de edificios. Esta situación empeora con el problema añadido del envejecimiento de la población en general y en particular de los pobladores del Barrio.

Este tipo de situaciones, a la espera de conocer con más detalle la situación del Barrio, junto con la existencia de un liderazgo e iniciativa local demostrada hacen de este tipo de entornos los objetivos del tipo de políticas ya mencionadas.

Después de las consultas iniciales que en conjunto con el bagaje de la Asociación ZOES en el ámbito social y cultural se ha decidido continuar avanzando en los siguientes aspectos:

  • Preparación documentación técnica del Plan Especial de Regeneración Urbana Integrada.
  • Organización de Oficina técnica orientada inicialmente en el asesoramiento para Inspecciones Técnicas de Edificios.

 ” La mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original” -Albert Einstein-

Desarrollo Urbanístico del Barrio del Oeste en Salamanca 1917-1974. Adrián Nicolás Penela. “Planeamiento Urbano. Grado de Geografía”

“…A principios del siglo XX, el tímido proceso de expansión urbana de la ciudad de Salamanca había desbordado ya el antiguo recinto intramuros. Al norte del mismo, entre la actual plaza de España y la puerta de Zamora, se había comenzado ya la urbanización y construcción en los terrenos situados entre la línea del ferrocarril a Portugal y la actual avenida de Mirat, conformando el llamado barrio de Los Mínimos, al que hoy en día conocemos como Labradores. Sin embargo, los terrenos ubicados al oeste del paseo Torres Villarroel seguían manteniéndose ajenos al proceso de expansión urbana. 4 elementos condicionaban la organización del espacio: el camino viejo a Villamayor ―que desembocaba en la plaza de la Fuente escoltado por el Hospital de la Santísima Trinidad y el convento de Carmelitas―, la carretera de Ledesma ―cuyo trazado respetaría la futura avenida de Italia―, el ferrocarril de Portugal al norte y el regato del Anís. La carretera de Ledesma subdividía el espacio en 2 grandes unidades: al norte las Eras de la Glorieta y al sur las Eras de Carmelitas.

Hasta 1917 el germen de lo que sería el barrio de Carmelitas-Oeste contaba únicamente con 2 calles: la llamada calle de Las Eras, hoy de José Manuel de Villena, y la denominada de La Alberca, que posteriormente sería rebautizada como de Álvaro Gil. Es en 1917 cuando se puede fechar el inicio del desarrollo urbanístico del barrio, ya que en dicho año se acomete la primera parcelación de terrenos privados con el objetivo de crear suelo urbano. Por aquel entonces, y en ausencia de un marco normativo que permitiese un desarrollo planificado tal y como hoy lo conocemos, la parcelación respondía a la iniciativa particular del propietario de los terrenos, quien decidía el trazado del futuro viario mediante la apertura de nuevas calles que posteriormente eran ofrecidas al Ayuntamiento. No obstante, en ocasiones este mecanismo de parcelación y cesión no cumplía con las condiciones exigidas por el Ayuntamiento, el cual podía negarse a asumir las obras de urbanización ―alcantarillado, pavimentación, nivelación de rasantes― si, por ejemplo, consideraba insuficiente la anchura de las nuevas calles. Tal fue el caso de esta primera operación, pues el propietario pretendía una anchura de 8 metros, mientras que el Ayuntamiento le exigía un mínimo de 10 para aceptar la cesión. Finalmente, tras la venta de los terrenos a un nuevo propietario en 1921, pudo llevarse a cabo la operación, lo que supuso la apertura de la actual calle Luis Vives, perpendicular a la carretera de Ledesma y la línea de ferrocarril.

En 1922 la iniciativa privada promueve la parcelación de otro sector del barrio situado al sur de la carretera de Ledesma. A este año corresponde la apertura de las calles Wences Moreno y Padre Manjón, así como de la progresiva conexión de este sector con el que surgiría al norte de la carretera con el trazado de las actuales Isidro Segovia, Antonio Espinosa y Joaquín Costa. 2 años después, en 1923, se quiso dar un nuevo impulso a la urbanización de las Eras de la Glorieta. La anchura de las nuevas calles ―Islas Canarias, García Moreno, Juan Picornell― estaría condicionada por las edificaciones que iban construyéndose en la carretera de Ledesma, hecho al que tuvo que adaptarse el arquitecto municipal Joaquín Secall para trazar el siguiente plano de alineaciones en 1923.

plano alineaciones de las eras

A mediados de la década de 1920, el desarrollo urbanístico del barrio ―iniciado, como vemos, en su ángulo noreste― se extendería al otro lado del regato del Anís, en las proximidades de la intersección entre la carretera de Ledesma y el trazado ferroviario. Estos terrenos, conocidos como “La Bombilla” porque así se llamaba un merendero cercano, conocieron un desarrollo que morfológicamente era más propio de los barrios obreros que de los ocupados por las clases medias.

La década de 1920 supone, por tanto, el periodo en el que se comenzó a urbanizar el barrio del Oeste, proceso en el que se aprecia una tendencia a ocupar sus vías perimetrales, debido a la preexistencia de una infraestructura viaria bien comunicada, pero también a la presencia del regato del Anís, que durante años resultaría un elemento disuasorio aplazando la colmatación del espacio central.

En los años 30 del pasado siglo se produjo una intensificación de la actividad urbanizadora en el barrio, cuyo crecimiento demográfico requirió, entre otras medidas, la construcción de las nuevas escuelas del paseo de Carmelitas, inauguradas en 1932. El crecimiento durante la II República se extendió también al ángulo oeste del barrio, frente al camino viejo de Villamayor, en torno al cual surgió  un núcleo de viviendas obreras acogidas a la Ley de Casas Baratas (1921) en lo que hoy son las calles de Jaime Vera y de Palacio Valdés. El proceso que culminaría con la colmatación del barrio continuó hasta finales de la década de 1930 con escasas alteraciones, de las que cabe mencionar las obras de prolongación de la calle Álvaro Gil ―en el tramo comprendido entre el paseo de Carmelitas y la carretera de Ledesma―, así como las de diversas infraestructuras como el alcantarillado del regato del Anís, la pavimentación o el tendido de una red de tuberías. Ya a finales de la década se ocupó el extenso hueco central del barrio, en el que confluían las calles regato del Anís ―actualmente Fray Luis de Granada― y José Giral, concluyendo 2 décadas de intensa actividad urbanizadora con el trazado de la plaza del Oeste.

Los años inmediatamente posteriores a la conclusión de la Guerra Civil conocieron, en el contexto del urbanismo salmantino, una sucesión de planes y proyectos encaminados a corregir una negligencia sostenida por las autoridades locales durante las 2 décadas anteriores. Según el artículo 117 del Estatuto Municipal de 1924, los municipios de más de 10.000 habitantes que cumpliesen unas determinadas condiciones de crecimiento demográfico tenían la obligación de redactar, en el plazo máximo de 4 años, un Plan de Ensanche con el objetivo de planificar y controlar dicho crecimiento. En la década de 1930 la redacción del Plan de Ensanche de Salamanca había sido sometida a concurso en numerosas ocasiones, pero en ninguna de ellas las buenas intenciones llegaron a cristalizar en un proyecto definido. En 1939 Víctor d’Ors expone sus grandilocuentes propuestas en el Plan de Urbanización y Extensión de Salamanca, al año siguiente el Ayuntamiento encarga a Moreno López un Plan General de Reforma Interior, al igual que a Lozano Lardet en 1941. Estos 2 últimos proyectos mostraban una carencia fundamental, según las conclusiones del Ayuntamiento, pues sólo contemplaban la planificación e intervención en la llamada “Zona Interior” de la ciudad, es decir, en la “almendra” central rodeada por la Ronda que ocupaba el trazado de la antigua muralla. Por
aquellos tiempos, el desordenado crecimiento de la ciudad había supuesto la creación de un espacio difuso e inconexo alrededor de esa “Zona Interior”, un espacio conformado por la sucesión alternante de huecos y nuevos barrios ―Carmelitas, Chinchibarra, Cruz de Antón, Prosperidad, Pizarrales, etc― cuya situaciónaconsejaba actuar también en el denominado ―erróneamente― Ensanche salmantino o, empleando un término del profesor Julio Villar, “ensanchamiento”. Por ante, ante esa necesidad y frente a la insuficiencia e inconsistencia técnica de los planes mencionados, el Ayuntamiento de Salamanca encarga finalmente al ingeniero madrileño Paz Maroto un Plan de Reforma Interior y Urbanización del Ensanche, que sería aprobado en 1944.
Para la redacción de su Plan, Paz Maroto tomó como punto de partida las consideraciones y propuestas realizadas previamente por D’Ors, Moreno López y Lozano Lardet, buscando la manera de armonizar todas ellas para aportar a la ciudad salmantina un Plan en el que tuviesen cabida varias líneas de actuación. En cuanto a la “Zona Interior” resalta, por ejemplo, la intención de descongestionar el centro del casco urbano consolidado mediante una agresiva actuación urbanística, finalmente desestimada, que consistía en emular a la Gran Vía trazando una vía de penetración por la vaguada de la Palma. Pero en lo que respecta al barrio que nos ocupa, y por extensión a las ideas referentes al Ensanche, cabe destacar que la consideración de éste como un conjunto de piezas heterogéneas de difícil encaje  establecía, en opinión de Paz Maroto, uno de los principales y más complejos retos del Plan. La laxitud mostrada por el Ayuntamiento ante el creciente desarrollo urbanístico había acabado por generar, según el ingeniero madrileño, una serie de elementos disonantes ―pertenecientes a ese espacio difuso conformado por los nuevos barrios periféricos― que inevitablemente habrían de condicionar el Plan de Ensanche. Merece la pena aquí citar íntegramente uno de los párrafos en los que Paz Maroto habla de los condicionantes preexistentes al Plan: “La existencia de tres barrios, el de Cruz de Antón, el de Chinchibarra y el de Carmelitas, trazados con la más completa ausencia de sentido urbanístico, estimulados solamente en su edificación por el interés privado y la necesidad de gente modesta y
media de disponer de viviendas como fuera, en que poder desenvolver su vida aún a costa de grandes sacrificios en cuanto a su emplazamiento en relación con la ciudad y de la carencia de los servicios más indispensables. Los tres barrios se hallan en un estado tal de avance en la construcción que no hay más remedio que contar con la realidad de los intereses creados, para limitar las reformas a las vías indispensables para conseguir un buen enlace, pero conservando errores de trazado cuya rectificación sería un acierto técnico, pero un disparate económico. Por ello esos tres lastres urbanos de los tres barrios citados en avanzado y cada vez más rápido periodo de desarrollo, no pueden por menos que alterar el conjunto del esqueleto urbano del Ensanche.”
Tal y como expone el ingeniero madrileño, el grado de desarrollo alcanzado por Carmelitas en 1943 ―por aquel entonces se conocía como barrio del Oeste al de Falange― no dejaba mucho margen de maniobra. La solución drástica, consistente en derribar manzanas completas, trazar un nuevo viario y reparcelar los terrenos, se antojaba inviable en el plano económico, máxime si tenemos en cuenta que el país atravesaba en aquella época una dura posguerra. Además, el hecho de que en Carmelitas vivieran 9.997 personas, según el dato que adjunta el redactor del Plan a una propuesta de división en distritos fechada en junio de 1943, reforzaba esa renuncia a acometer actuaciones más agresivas que las finalmente planteadas. En su propuesta de zonificación de los barrios del Ensanche, Paz Maroto integra el de Carmelitas en la “zona de viviendas medias […], que al hacerse la ordenación del
Ensanche y establecer las líneas de comunicación, irá viendo elevado su tono de construcción sin esfuerzo alguno por parte de la corporación.”
Repetidas veces, a lo largo del Plan de Urbanización del Ensanche, su autor alude como aspecto fundamental del mismo al establecimiento de nuevas líneas de comunicación que conecten los nuevos barrios entre sí y con la Zona Interior, buscando de esta forma una mayor cohesión del espacio urbano. En este contexto se enmarca su principal propuesta para el barrio de Carmelitas, que consistía en abrir una avenida del Parque para conectar éste con Vidal adaptándose al trazado de la calle Fray Luis de Granada. Esta intervención requeriría la expropiación de “la zona comprendida entre la antigua calle de riego y la abierta contigua a la tapia del Convento de Carmelitas”, es decir, la manzana comprendida entre el antiguo regato del Anís y el convento, todo ello con el fin de ensanchar la calle Fray Luis de Granada.
Al hablar de este sector del barrio Paz Maroto aprovecha para exponer, con un tono crítico que se extiende a la totalidad de su Plan, la siguiente apreciación: “Es sensible que allí se hayan autorizado y construido recientemente edificios que han de ser expropiados.”
Al analizar esta fotografía aérea, datada en 1956-1957, comprobamos que en líneas generales guarda más parecidos que diferencias respecto a la de 1945-1946, con lo  que se puede afirmar que la propuesta de Paz Maroto para Carmelitas no se llevó a ejecución. De hecho, a la vista de ambas imágenes cabe apuntar que el proceso de colmatación de este barrio está cerca de ser completado, pues tan solo se aprecian 2 espacios pendientes de urbanización, uno entre las calles Luis Vives y Mallorca, junto a la vía del tren, y otro en el ángulo noroeste, en la intersección entre el camino de Villamayor y la vía.
Hasta la redacción del PGOU de 1966, los cambios acaecidos en CarmelitasOeste no responderán a modificaciones en su traza viaria, sino a un intenso recrecimiento en altura que será tratado en el siguiente apartado. Con la llegada del PGOU de dicho PGOU ―el primero de Salamanca tras la entrada en vigor de la ley del Suelo de 1956― el panorama urbanístico de la ciudad refleja las novedades derivadas de los nuevos instrumentos de planificación, así como un replanteamiento del anterior binomio Zona Interior-Ensanche. La zonificación de la ciudad se enriquece con la creación de nuevas categorías que darán pie a un tratamiento sensiblemente distinto por parte de los planificadores. De esta forma, los barrios considerados por Paz Maroto como piezas de ese difuso Ensanche salmantino pasan a ser “Zonas de incorporación al casco”, definidas en 1965 por los proyectistas Fernando Población y Francisco Pérez Arbués como aquellas “zonas contiguas al casco antiguo, de  estructura parecida, pero con ordenación viaria más regular que corresponde casi siempre al tipo de edificación de manzanas cerradas alineadas, con patio de manzana, que quedarán señaladas como alineaciones obligatorias en los correspondientes Planes Parciales. Vienen a coincidir con los últimos ensanches y la proporción de suelo libre de edificación es mayor que en el casco antiguo, si bien en algunos sectores se ha llegado ya a la saturación”.
Tal y como queda dicho en la cita anterior, una de las principales novedades de esta renovada práctica planificadora estriba en el modo en que se da desarrollo al PGOU, mediante la elaboración de Planes Parciales dedicados a cada zona de actuación. En este sentido, el Plan Parcial de la Zona X ―integrada en un principio por el barrio de Carmelitas, al que luego se le añadiría San Bernardo― tuvo el dudoso honor de convertirse en el caso que mejor ejemplifica la desidia administrativa, las trabas burocráticas y la incapacidad propias de aquella etapa del urbanismo salmantino. Tras la aprobación del nuevo PGOU, en marzo de 1967 se aprueba provisionalmente el proyecto de este Plan Parcial de la zona X, por el que se pretendía intervenir en una superficie ―el barrio de Carmelitas― de unos 192.000 m2. El primer error se relaciona con el aprovechamiento máximo o edificabilidad concedida por el Plan Parcial. Para las “Zonas de incorporación al casco” el PGOU 1966 fijaba un aprovechamiento máximo de 6 m3/m2 por manzana, mientras que el Plan Parcial de la Zona X elevaba la cifra hasta los 8,15 m3/m2, contraviniendo por tanto la normativa a la que debía subordinarse. Un año más tarde, en 1968, se vuelve a redactar el Plan Parcial empleando una solución abiertamente ―a mi entender― injustificable que consiste en ampliar la zona de actuación más allá de la avenida de Villamayor, hasta la avenida de Champagnat e incluyendo el barrio de San Bernardo, con lo que la edificabilidad se quedaba en los 4,25 m2/m3 a costa de un incremento en el área de más de 300.000 m2. Tras esta medida, la Comisión de Obras redacta su informe aprobatorio y en el verano de 1968 se pasa a la fase de información pública y reclamaciones. El Plan es finalmente remitido al Ministerio de la Vivienda en noviembre del mismo año, pero la respuesta se hará esperar hasta julio de 1969. En dicha respuesta el Ministerio exige, como condición previa a la aprobación definitiva del Plan, que se le haga llegar en el plazo de 3 meses una documentación referida a la definición precisa de los patios de manzanas y las condiciones de edificabilidad.
Transcurridos 5 años, y habiéndose aprobado algunas modificaciones de volúmenes durante el quinquenio, el Plan queda definitivamente aprobado por el Ministerio de la Vivienda en junio de 1974.
Como ya se apuntó anteriormente, el Plan Parcial de la Zona X terminó por incluir al barrio de San Bernardo para no sobrepasar la edificabilidad máxima impuesta por el PGOU. Pese a ello, los planificadores tomaron la avenida de Villamayor como eje central, dividiendo la zona de actuación en 2 subsectores: San Bernardo y Carmelitas-Oeste, en los que las intervenciones responderían a las diferentes características de uno y otro barrio.
No obstante, las posibilidades de actuación se antojaban escasas ―como ya lo advirtiese Paz Maroto 30 años atrás― en un área edificada al 80%, porcentaje sin duda mayor al considerar únicamente el subsector este ―Carmelitas―. Además, a este dato insoslayable habría que añadir el hecho de que muchos de los edificios del barrio eran de construcción reciente, por lo que la posible reserva de suelo para equipamientos públicos se tornaba incapaz de corregir el déficit de la zona. A la vista de esta situación, el criterio de los planificadores no distaba mucho del expuesto por Paz Maroto: habría que respetar la mayoría de las calles tanto en trazado como en anchura. Las posibles intervenciones encaminadas a ampliar la anchura de algunas vías, especialmente de aquellas con un ancho inferior a los 10 metros, se subordinarían a futuros cambios en las condiciones del solar y a la construcción de nuevos edificios que permitiese un ulterior retranqueo de los mismos. Pese al complejo panorama dibujado por el desarrollo urbanístico del barrio, el Plan Parcial de 1974 contemplaba una intervención que finalmente sí conseguiría modificar parte de su viario. Aprovechando el suelo liberado en la antigua propiedad de las Carmelitas, se proyectó una plaza cuadrada sobre el solar que se conectaría dando continuidad con la calle Gutenberg mediante la división de una manzana entre Nieto Bonal y Jaime Vera. La concepción de esta calle como conexión entre la nueva plaza y la calle Gutenberg se truncó, sin embargo, al interponer una gran manzana rectangular en la trasera de la iglesia, como se aprecia en la imagen aérea correspondiente a 2014. Otra de las actuaciones relevantes supuso la ampliación de la plaza del Oeste, generando un óvalo mayor mediante el retranqueo de las fachadas orientadas al este.”

TFG_AdriánNicolásPenela

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