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Historia del membrillo de la calle Gutenberg

En noviembre de 2025, con el inicio del proyecto de obras en la calle Gutenberg, fue talado un membrillo que durante años había sido parte discreta pero viva del paisaje cotidiano de la Calle. No era un árbol cualquiera: era un árbol con historia, plantado por manos concretas y cargado de memoria vecinal.

La historia comienza mucho antes, con Antonio García Castañeda, agricultor de oficio y de vocación. Antonio vivió toda su vida en la calle León Felipe, al lado de Correos, cuando aún las calles no estaban asfaltadas. De esos vecinos de banco compartido, de conversación larga y mirada atenta a lo que cambia y a lo que desaparece.

En 2013, el barrio sufrió una de esas ausencias silenciosas: “desapareció” un lilo blanco que adornaba los jardines. Nadie supo muy bien cómo ni por qué, pero el hueco quedó. Fue en una de esas charlas habituales entre vecinos —de las que nacen las decisiones importantes sin actas ni permisos— cuando surgió la idea: plantar algo nuevo.

Así llegaron un membrillo y un laurel, traídos del huerto de Antonio. Se plantaron allí, en la calle, con la naturalidad de quien entiende que los árboles también forman parte de la comunidad. El laurel, resistente, sigue hoy en pie. El membrillo, en cambio, ha corrido otra suerte.

Cerca de allí, en la misma zona de la calle Gutenberg, una higuera cayó hace un par de años víctima del viento. Al inicio de las actuales obras retiraron su tronco, pero de lo que quedaba, estaba brotando de nuevo, como recordatorio obstinado de que la vida insiste.

El membrillo también insistía a su manera. Un vecino contaba que daba un fruto especialmente rico. Decía, entre risas cómplices, que él los recogía antes de que maduraran, para que nadie más los cogiera, y luego los dejaba madurar en casa. Así se hacía: sin conflicto, sin normas escritas, con ese pacto tácito que existe entre quienes comparten espacio y tiempo.

La tala del membrillo en noviembre de 2025 no solo eliminó un árbol: cerró una pequeña historia hecha de conversaciones, huertos compartidos, frutos recogidos a escondidas y memoria del barrio. Historias que no suelen figurar en los proyectos de obra, pero que permanecen en quienes las vivieron.

Porque hay árboles que no solo dan sombra o fruto: dan relato. Y este membrillo, aunque ya no esté, sigue dando el suyo.

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