“El avaro”, de Moliére, de nuevo en el escenario

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Carmen García  “La literata del Oeste” realiza una crítica sobre ´El avaro´, la obra de Molière que está representando desde hace algún tiempo el grupo de teatro de ZOES.

Apenas quedaban butacas vacías cuando se anunciaba aquello de «señoras, señores, faltan cinco minutos para que comience la representación». Amantes del teatro, amigos y familiares tuvieron este pasado sábado 30 de enero una cita ineludible en el Teatro La Comedia con la representación de El avaro de Molière, interpretada por el grupo de teatro de ZOES y dirigida por Luis Maderal.

Con una adaptación del texto de Asunción Cuevas muy contemporánea y con una escasa escenografía, la historia de Harpagón (José Vicente) el avaro cobró vida en el escenario. Sus hijos, Cleanto (Pablo) y Elisa (Pury), atormentados por la codicia insaciable de su padre que tiene ya dispuestos para ellos matrimonios concertados y muy beneficiosos para él, urden planes para liberarse del yugo paterno y casarse con sus verdaderos amores: Mariana (Mónica) y Valerio (Felipe). Harpagón quiere casar a su hija con un viejo rico, Anselmo, y a su hijo con una viuda rica; sin embargo, para él mismo pretender desposar a la joven Mariana gracias a la ayuda de la alcahueta Frosina (Isabel).

Por si esto fuera poco, Cleanto en busca de solvencia e independencia económica trata de obtener un préstamo y el usurero resulta ser el propio Harpagón, que vive intranquilo pensando que hallarán la fortuna que tiene oculta en el jardín. Gracias a la astuta Flecha (Mª Sol), Cleanto descubre el escondrijo de su padre y le hace creer que le han robado el dinero para luego extorsionarle. El hurto da pie a un enredo de acusaciones entre el mayordomo, el cochero y cocinero (Alberto) y la criada (Gloria) y pone al descubierto la incompetencia del comisario (Luisa). Finalmente, Cleanto confiesa a su padre sus sentimientos por Mariana y a cambio de la caja que contiene su fortuna le pide que permita a ambos desposarse con quien ellos realmente desean. Harpagón que ciego ya de avaricia solo anhela las monedas de oro accede a las peticiones de su hijo y pese a que se queda solo se consuela pensando en el ahorro que le permitirá el viejo Anselmo al asumir los gastos de las dos bodas.

Una comedia repleta de situaciones hilarantes que despertó la carcajada general del público. La ilusión y el trabajo duro se reflejaban en cada una de las interpretaciones, pero sin duda era la de Harpagón la que sobresalía. Este pesonaje aunaba muchos de los guiños presentes en esta adaptación a la cultura audiovisual y literaria de nuestros días. Esa escena final en la que Harpagón agarra la caja de los diez mil escudos, mientras retorciéndose clama: «Mi tesorooo» nos obliga a recordar a Gollum, otra de esas figuras corrompidas por el dinero, la avaricia y el poder. Un buen trabajo y bien ejecutado. Enhorabuena a todos.

                                                                                                        Carmen García 

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