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Relatos finalistas de la Décima Edición de Leyendo a la Luz de Luna

Los relatos que más nos han cautivado en esta edición centrada en la Tolerancia

Relato Ganador
CENICEROS

Fui tu esposa esposada, tu amante y esclava, la que juró quererte y obedecerte hasta el fin de los tiempos, la que cambió sus amistades por fogones, lavadoras y zurcidos, la que nunca pudo quejarse ni tener dolores. Experta en maquillajes, silencios y perdones, la que tuvo que dejar de fumar porque aquellas costumbres eran “demasiado modernas para mí”. La palabra tolerancia nunca figuró en tu diccionario, pero, ¿sabes?, creo que voy a fumarme dos estancos seguidos leyendo a la luz de la luna. Sacudiré lentamente la ceniza, muy despacio, en la urna donde te conservo.

Luis San José López

Primer finalista
OMAR, CORRE

Corría constante, aunque asustado. Omar huía de cinco muchachos por las calles de la ciudad. Era tarde y solo se podía escuchar el silencio, la intensa respiración de Omar y los fuertes pasos de sus perseguidores. Intentaba entender sin éxito porqué corría, lo que sí tenía claro es que no iba a detenerse. Me vendieron tolerancia y libertad, pensó. Al doblar una esquina se topó de frente con dos de ellos. Angustiado frenó, entonces aparecieron los otros tres. Ya no había escapatoria.

Joder… para ya… que se te ha caído esto-. Dijo exhausto uno de los muchachos mostrándole una cartera.

Enrique Baliñas Fernández

Segundo finalista
EN UN METRO CUADRADO

No podía dejar de llorar. No porque me hubieran pisado el bocadillo, ni por mi estuche desaparecido otra vez. Tampoco por la falta de tolerancia de mis compañeros ante eso que me hace distinto a ellos. El motivo por el que, encerrado en un baño de las chicas, no podía dejar de llorar, era que Vicente, por primera vez, en lugar de mirar hacia otro lado, había salido en mi defensa, aunque le contagiara el rótulo de mariquita. Lloraba, porque cogido de su mano, uno a cada lado del inodoro, confinados en un metro cuadrado, me sentía absurdamente feliz.

Patricia Collado González

Tercer finalista
OPERACIÓN

Se estremeció. Acababa de descubrir en los ojos del anestesista la mirada del compañero de clase a quien, faltos de tolerancia, convirtieron en diana de insultos injustificados. Tumbado en la mesa de operaciones, se sintió tan solo y desprotegido como debió sentirse Ernesto, aislado como lo dejaron por ser homosexual. Al ver que se acercaba, el miedo lo invadió, igual que si se le acercase un forajido con ánimo de ajustar cuentas. Sintió acelerarse su corazón. Deseó que no lo reconociese.

-Cuenta hacia atrás del diez al uno. Y tranquilo, Fernando; todo está bien. Hablamos después de la operación.

Juan Carlos Pérez López

Cuarto finalista
AL OTRO LADO DEL MAR

Sol. Arena. Mar. Barca. Miedo. Frío. Cadáveres. Hambre. Sed. Llegada. Triste felicidad. Siguiente diáspora. Inviernos helados y veranos asfixiantes. Buscar trabajo. No hay. Otro color, otra fe, otras costumbres. Miradas de desprecio. Dormir en la calle. Comida, poca. Limpiar coches. Procurar sonreír. Tragar saliva. Adaptarse. Recibir una oportunidad. Estudiar el idioma. Comunicarse. Por fin, un barrio con tolerancia. Trabajar duro en un supermercado. Ayudar a los ancianos, los sabios de la tribu, aunque aquí no. Contar historias a los niños, ser escuchado. Jugar al fútbol. Ser uno más. Enamorarse. Casarse. Hijos españoles. Morir. Autopsia: causa de la muerte, corazón partido.

Alicia Mercedes Rodríguez de la Nuez

Quinto finalista
MAYORES TOLERANCIAS

-¿Lesbiana?
-Sí, mamá.
-¿Desde cuándo? Si veías conmigo “Los vigilantes de la playa” y decías que tenían unos cuerpazos.
-Y sigo opinándolo, mamá.
-¡Y ahora esto!
-¿Qué sucede Encarna?
-Nada, aquí tu nieta, que dice que es lesbiana.
-¿Liviana? ¿Y qué más te da? Qué manía de meterse en vida ajena. Si quiere estar delgada, déjala. ¡Ocúpate de tus kilos!
-Gracias abuela.
-De nada, querida. No te preocupes por la opinión de los demás. ¡Sé todo lo liviana  que quieras! Lo importante es que seas feliz y la manera sólo debes decidirla tú – dijo guiñándome un ojo.

Isabel María Lobato Jiménez

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